·Volver

·Acerca de Red

 

Crimosiano o no (ya que detesto recibir calificativos) mi infinita admiración por King Crimson va en constante cambio, en una sublime progresión.

Dedico esta pequeña reseña al primer lustro (interrumpido en 1972), de King Crimson, que abarca desde 1969 hasta 1974.

Ligero análisis de guía para todo aquel que se deleite con el perverso sonido del Rey Carmesí:

-Partiendo por la primera alineación (In the Court of the Crimson King, In the Wake of the Poseidon), es impecable la minuciosa delicadeza con la cual son trabajados distintos temas (ejem. I Talk to the Wind, Moonchild, Candece and Cascade, Peace - A Theme), y también la asombrosa violencia con la cual son afrontados otros (ejem. 21st Century Schizoid Man, Pictures of a City, Get Thy Barings). Sin lugar a duda, esta formación, si bien no define un estilo claro a futuro, sí imprime en nuestras mentes la principal ambición de King Crimson: el ir más allá.

-Vámonos a la segunda alineación (Lizard, Islands). Esta es quizá la faceta más especial de King Crimson. Podemos acercarnos un poco más a la abstracta firma del rock progresivo a mayor profundidad con el primer álbum mencionado. Sin embargo, es quizá la lagartija uno de los trabajos de mayor oscuridad de todo el ciclo vital de la banda. Desde Cirkus hasta Lizard, nos encontramos con piezas de difusa atracción. Indoor Games parecería ser el ejemplo perfecto. En cuanto a la "progresividad" de todo el trabajo, el tema Lizard nos brinda toda las dimensiones a juzgar, además de deleitarnos con la armoniosa voz de Jon Anderson (interesante detalle, ya que Gordon Haskell no dispone de la voz más exquisita de este mundo, precisamente).
*Esta segunda alineación es más aplicable al álbum Islands, ya que el bajista Gordon Haskell y el baterista Andy McColouch dejan la banda al poco tiempo de ser editado el álbum.
Islands. Cambio radical en la estructura musical, más no en la aspiración del propio Robert Fripp. Si bien desde In the Court of the Crimson King se siente la cuchara del jazz, creo que este es el álbum que mejor la delata. Los primeros dos temas del LP (Formentera Lady y The Sailor's Tale), logran una perfecta atmosfera de lote "jazzero", en especial esta segunda. Pero, ¿en donde está el cambio? Es casi tan simple como difícil de identificar: ¿Qué tanto de rock podemos hallar en este álbum? El que analiza este trabajo partiendo de esta pregunta, que algunos considerarían absurda, logrará dar con el clavo. Otro elemento importante de esta entrega, es la variedad instrumental, imprescindible para la realización de todos los temas, con excepción de Ladies of the Road. Aquél que desee perderse en el abismo estrellado que supone la carátula del LP, recomiendo Prelude: Song of the Gulls, y Islands.

-Tercera encarnación del álbum, y la trilogía más respetada de la banda, dicho sea de paso (Larks' Tongues in Aspic, Starless and Bible Black y Red). Esta es la primera real revolución dentro del estilo musical del grupo. Puede deberse a la aparente disolución de la banda, o no. Lo cierto es que King Crimson se comenzó a tomar la experimentación mucho más a pecho.
Después de un cierto bagaje musical sin un sendero determinado, es este maravilloso álbum lanzado en 1973, pero trabajado el año previo a su lanzamiento, el que nos presenta un King Crimson más decidido  a explorar por una línea en particular. No se trata de un sonido más pesado, ni más complejo, sino del vacío: la improvisación. Aquel que escuche el Larks’ Tongues in Aspic, inclusive habiendo tenido contacto con trabajos previos a este (en incluso posteriores), se topara con un monstruo metálico de forma poco definida, que irá, paso a paso, muriendo, pero no obstante, siendo resuelto de forma igual de abstracta. La inclusión del violín logra brindarle matices más específicos a todo el trabajo, en conjunto y en particular; más las percusiones y los “allsorts” del peculiar Jamie Muir le suman tanto serenidad como violencia. De figura oscura y compleja, este álbum consigue expandir la habilidad del oyente, ya que no bastaría simplemente encontrar el sentido lógico al conjunto, sino una disposición a visualizar la progresión armónica, para exprimir la genialidad de este, repito, maravilloso trabajo.
El siguiente (Starless and Bible Black), sin lugar a duda, expone la pretensión musical que apunta hacia la improvisación. Esto se puede inferir por un solo detalle, que cuatro de las ocho canciones (We’ll Let You Know, Trio, The Mincer y Starless and Bible Black) son piezas improvisadas. Además, otra de las virtudes de este álbum (sin desmerecer la enternecedora calidad del audio del LP en directo Earthbound), es el hecho que seis de los ocho temas son extraídos de conciertos durante la gira de 1973. Esto nos permite dar una mirada más incisiva en el nuevo horizonte de la banda. De carácter oscilante entre el acecho y la parsimonia, Starless and Bible Black refuerza aún más la ambición acogida con el trabajo anterior. Quizá Fracture resuma, en mi opinión, y junto a las dos primeras entregas de Larks’ Tongues in Aspic, la escencia de estos años de genial oscuridad.

-Para cerrar el periodo más glorioso del grupo, presento el, para muchos, broche de oro del King Crimson de los años setentas: Red. Álbum difícil en su elaboración y casi místico, ya que la banda se disolvió casi al mismo tiempo de editado. Con la banda oficialmente reducida aun trío (Fripp, Wetton y Bruford), cuando tratamos con Red, tratamos con uno de los trabajos más prolificos del grupo. La pieza que da nombre al álbum, es por muchos considerada al himno de la guitarra de Robert Fripp; de aura tenebrosa y fugazmente violenta, esta es quizá una de las piezas más duras y caóticas de la banda. Seguidamente, Fallen Angel recoge una pieza improvisada de los primeros conciertos de la formación (Live in The Zoom Club, 1972), claro que retocada y actualizada a los nuevos horizontes de Fripp. Esta sería la última vez hasta la fecha, donde él grabaría con guitarra acústica junto de King Crimson. One More Red Nightmare, un pequeño adelanto de la escencia de la banda durante los años ochentas, pero con toda la densidad de su tiempo. Fuerte presencia del saxofón, esta vez de la mano de Ian McDonald (ex King Crimson), a su vez nos remite a épocas anteriores de lote más sinfónico, tema curioso e insólito. Providence, improvisación extraída de una presentación en vivo, no nos permite olvidar la huella de la banda durante este tiempo. Finalmente, uno de los temas más queridos del grupo durante esos años (y estos), Starless, finalmente llevada al estudio. Estructura poco peculiar en temas anteriores y de mayor ambición instrumental, más no descarta la atmosfera apabullante del trío. Gran elemento para cerrar no solo un álbum sino toda una era y un hito en la historia del rock progresivo.

De manera muy sencilla concluyo esta reseña sobre el periodo de madurez del setentero King Crimson. Sinceramente espero que les sirva de estimulo para abrirse hacia una experiencia que difícilmente olvidarán. Espero, sinceramente, que enloquezcan en el intento… Esa es la única manera.

 

 

Renzo Porcile Doig. Lima, Perú.
(Jueves, 06 de noviembre de 2008)

·Acerca de Red