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CALIFORNIA GUITAR TRIO

Virtuosismo en 18 cuerdas
Solange García


Aunque viven en distintos puntos del orbe, Paul Richards (estadounidense), Hideyo Moriya (japonés) y Bert Lemus (belga) se las han arreglado a lo largo de 12 años para presentarse juntos como el California Guitar Trio. Desde entonces, su música ha sido influenciada por cada uno de los lugares que visitan para ofrecer su virtuosismo.

Ahora les toca estar en México. Tras dejar atrás el mote de “discípulos de Robert Fripp”, que erróneamente les han colgado, el California Guitar Trio se dispone –asegura Richards en entrevista– a ofrecer a su público lo “inesperado”.


Ustedes han transitado en distintos géneros: de música clásica a popular, de jazz y blues al rock. ¿Cómo definen el concepto que los engloba?

El único concepto que tenemos es tocar la música que amamos. Para nosotros no es muy importante el tipo de música o el género, toda la música es buena, así que agarramos distintas cosas y las combinamos para formar el concepto del grupo.

¿Considera que con esa infinita fusión de géneros pueden mostrar lo que es su esencia?

Nosotros escuchamos mucha música diferente, así que podemos incluir más tipos de sonidos que lo que hace cualquier otro grupo.

Luego de 10 años, ¿mantienen el mismo proceso de composición entre cada uno de ustedes?

Sí, normalmente cada uno de nosotros tenemos muchas ideas, practicamos en la guitarra y cuando nos encontramos trabajamos en esas ideas juntos. Hay que tomar en cuenta que cada uno vivimos en diferentes ciudades: Bert vive en Los Ángeles; yo, en Salt Lake City e Hideyo, en Tokio, así que cuando no estamos en gira y nos encontramos separados, trabajamos solos, y antes de un tour es cuando colaboramos en equipo. Cuando estamos juntos experimentamos una etapa muy intensa de la que surgen las nuevas composiciones.

Es sabido que en ustedes influye mucho el ambiente de los lugares donde componen.

Sí, todo el tiempo estamos trabajando, por eso cada lugar tiene una influencia en nuestra música. Si miras cada uno de los álbumes que hemos hecho, te darás cuenta que tienen la influencia del lugar o los lugares donde estuvimos.

¿Cuál ha sido hasta ahora la colaboración más satisfactoria que han tenido?

¡Ah!, bueno, definitivamente nuestra mejor colaboración fue con Tony Levin (baterista que ha trabajado con Peter Gabriel, King Crimson, Laurie Anderson, Yes). De todos con quien hemos trabajado es el mejor. Creo que nos dejó una impresión muy honda a los tres. Él realmente es una músico impresionante, es la persona más musical que he conocido en mi vida.

¿Qué tan difícil ha sido tomar distancia de las personas con quienes han trabajado, como Robert Fripp?

En el principio fuimos estudiantes de Fripp, así que mucha gente nos conoció como “los estudiantes de Robert Fripp”, pero ahora, después de 12 años creo que tenemos más conceptos y una educación más fuerte que nos separan de él. Pero siempre habrá una conexión porque él fue nuestro instructor, uno muy bueno y eso está bien. No obstante, tal vez nos llevó seis años hacer cosas por nuestro propio gusto y sin su influencia. Lo que no nos agrada es que la gente se refiere a nosotros como “los discípulos” de Robert Fripp, y cuando los periodistas lo escriben así… para mí es demasiado.

Ustedes han interpretado algunas piezas que Ennio Morricone realizó para filmes, ¿qué importancia tiene para ustedes interpretar piezas para películas?

La música para películas tiene distintas texturas, sobre todo algo como lo hecho por Morricone, así que quisimos experimentar con eso, hacer unos arreglos y tocar algo así. Luego que nuestra música se ha tomado en cuenta para programas de televisión, creo que es tiempo de hacer algo para cine, por el alcance musical más amplio que tiene. Sólo esperamos que algún director nos ofrezca algo y quiera trabajar con nosotros.

Cuando no interpretan algo de su autoría, ¿cómo seleccionan un tema conocido para ejecutar?

Hay muchos temas que nos encanta tocar, como “Bohemian rhapsody”, una canción que yo amaba a los 12 años de edad y dejó una gran huella en mí; el solo de guitarra me impresionó mucho, así que tiempo después decidimos rendirle honor tocándola.

La compilación que editaron este año, The first decade, ¿es señal de una nueva fase del grupo?

Es importante resaltar que son sólo piezas originales las que están contenidas en ese álbum, que no son cobres ni clásicos, así que ahora estamos enfocados a escribir nueva música. El nuevo disco será todo inédito, escrito obviamente por el grupo. Es una especie de punto de transición porque partimos de lo hecho en el pasado para movernos hacia una nueva etapa de composición. De hecho, en la gira que ya estamos realizando en México hemos tocado cuatro nuevas canciones que incluiremos en el nuevo álbum.

¿Cómo define el sonido de esa nueva etapa de composición?

Es difícil de describir porque la mayoría de nuestra música es una combinación de muchas influencias. Pero la mayoría de las piezas se inclinan más hacia el jazz, y hay una pieza de Bert que combina lo clásico con música española. Lo que el público puede esperar es lo inesperado. Haremos cosas que nunca antes han escuchado. Por otro lado, no podemos hablar aún de incluir algún tema o compositor mexicano pues apenas nos estamos empapando de la cultura de este país.

¿Con qué guitarras se sienten más cómodos?

Por ahora yo toco una Wash-burn; Hideyo y Bert tocan actualmente guitarras de Marten.

 

Sábado 01 de noviembre de 2003. Núm. 151
Diario "El Independiente" ciudad de México.


UN TEQUILA CON PAUL RICHARDS

El virtuosismo y la humildad pueden ser cómplices. Luego del concierto del California Guitar Trio una admiradora del conjunto le invitó un reposado a uno de los miembros del grupo. Esto es lo que allí pasó.

Jesús Quintero

No sé si ella se porte tan temeraria en otros momentos, pero como si el par de álbumes recién autografiados no fuera suficiente, se acerca a Paul Richards, uno de los integrantes del California Guitar Trio, y le invita a tomar un tequila.

La escena ocurre en el vestíbulo del Hard Rock Live, donde los admiradores y nuevos conversos andan en pos de las firmas de Richards, Hideyo Moriya y Bert Lams, quienes con una humildad ejemplar conversan con cualquiera que los haya visto, minutos antes, construir palacios sonoros con notas como alfileres.

Con un gesto que al principio parece de mera cortesía Paul dice que sí a la repentina propuesta. Después de un rato el guitarrista se acerca a ella para decirle que hay un cambio de planes y que todo el staff irá a cenar. Mas lo que se vislumbraba como un chasco lo revira él mismo al proponer: “¿Y por qué no lo tomamos aquí?”

Tres vasos con tequila reposado están sobre la barra del Hard Rock Live y Paul Richards, con su rostro y bucles dorados que le dan una apariencia infantil, platica en un castellano
campechaneado con inglés: “Cuando tras uno de los cursos con Robert Fripp se formó la League of Crafty Guitarists tocamos más de una vez en la calle. Esto fue en Boston. Fue como una especie de labor social y también para probarnos a nosotros mismos.

Poníamos el sombrero en espera de que cayeran monedas y si al final tenías las suficientes para pagarte una buena cena eso era una buena señal.”

Mientras habla sus dedos parecen pulsar un instrumento invisible y en su mirada no hay asomo alguno de narcisismo.

Luego de 12 años, ocho álbumes y una gira de tres meses que el martes concluyó, los integrantes del California Guitar Trio pueden decir que viven de hacer e interpretar música, pero ese status no llegó de manera inmediata: “Cuando empezamos lo hicimos por mero amor a la música. En los primeros años nunca teníamos dinero, pero no nos preocupaba demasiado. Literalmente yo no cobré un sueldo hasta mucho tiempo después, pero no me angustiaba porque el gozo de tocar ha sido, desde entonces, inmenso.

Conozco a varios colegas que desdichadamente no pueden decir lo mismo... tocan muy bien, pero se han visto en la necesidad de quedarse interpretando una horrible música pop en casinos de Las Vegas porque eso les asegura un salario puntual.”

Acaso porque ella, quien ha pagado la ronda de tequilas, ni siquiera pestañeó frente al grupo cuando éste se hallaba en el escenario y porque el hecho no pasó por alto para Richards y Bert Lams, el músico comenta que en Estados Unidos asisten más escuchas femeninas a los recitales del California Guitar Trio que a los de King Crimson. “Incluso –recalca– hacen muchas bromas al respecto porque las únicas mujeres que ves allí han sido llevadas por sus novios o esposos y ya no ven la hora en que termine el concierto para regresar a casa.”

Cuestionado sobre si no le cansa que se le siga inquiriendo por Robert Fripp, líder de King Crimson y productor de cuatro álbumes del California Guitar Trio, Richards sonríe al tiempo que señala: “No, en absoluto. Robert proyecta una imagen muy seria cuando está con King Crimson... ya saben: no concede autógrafos, no habla con nadie, llega antes que los demás al teatro y se encierra en su camerino, sobre el escenario siempre se sitúa en una zona oscura... y es que sencillamente le incomoda que la gente pretenda quedarse con un pedazo de él. Pero esa imagen es sólo una parte suya. Nosotros hemos estado con él en Inglaterra y en los pubs es un hombre divertido que cuenta muy buenos chistes.” Y mientras conversa Richards no desatiende a los seguidores del grupo: abre paréntesis para platicar con ellos, dar autógrafos y festejar bromas.

Si en los 12 años que tiene el ensamble su relación ha sido más que fructífera puede decirse lo mismo del vínculo entre ellos y sus guitarras Custom, por eso no andan a la caza de más instrumentos: “No solemos adquirir guitarras exóticas, esta vez sólo compramos unas guitarritas de madera que parecen de juguete, pero sólo eso. Las liras que uso están realmente adaptadas a mi cuerpo y claro, puedo tocar cualquiera que me des, pero en el estudio de grabación o sobre el foro siempre preferiré las mías.”

A pesar de que las obras del California Guitar Trio no pecan de bizarras, ni aun las más nuevas, a Richards lo que le entusiasma en materia sonora no tiene que ver con Andrés Segovia u otro “dios de las seis cuerdas”: “Lo más excitante que he escuchado recientemente es un grupo de San Francisco que se llama Sleepytime Gorilla Museum... un proyecto muy weirdo que tiene una pizca de rock progresivo, incluso de King Crimson, pero que por lo demás no se parece a nada que conozcas.”

Los vasos ya están vacíos y el equipo del trío está sobre la acera esperando a ser cargado en un vehículo. Sólo falta Paul Richards y éste se despide cálidamente de sus contertulios no sin antes pedirles sus nombres y correos electrónicos.

Ella, adscrita a una devoción que no conoce calificativo, coge el vaso en que ha bebido el guitarrista, lo guarda con cuidado en su bolso de mano y, con el rostro iluminado como si llevara allí el Santo Grial, sale a la noche.

UN TRÍO DE PODER

De Beethoven a Dick Dale, de Duke Ellington a Queen, de The Ventures a las obras de Moriya, Lams y Richards... los puentes que con 18 cuerdas tiende el California Guitar Trio dan fe no sólo de su enorme virtuosismo, sino de un afán por subvertir con humor todas las reglas de la gramática sonora y de otorgarle un nuevo significado al término “trío de poder”.

Los rincones del Hard Rock Live no se llenaron de público (¿y dónde estaban todos los guitarristas, los wannabe, los que han salivado con Paco de Lucía, Al Di Meola y John McLaughlin?), pero sí del humo emanado de cigarros híbridos y de la resonancia de esas guitarras que lo mismo sonaban hillbillies, como clavicordio, como orquesta o por igual remitían a las mantas sonoras que los píos denominan frippertronics.
A diferencia de los guitarristas académicos, Richards, Moriya y Lams no le hacen el feo a ningún género y se rigen con una saludable levedad que les permite traducir, con igual gozo, el último movimiento de la Sinfonía No. 9 de Beethoven que “Bohemian Rhapsody” de Queen con todos sus guiños operísticos.

Son pasmosos, eso es cierto, pero jamás fanfarrones (como lo es, por ejemplo, Joe Satriani). Incluso, como en “Caravan”, se burlan de los malabares onanistas en los que cuatro manos trabajan sobre seis cuerdas y terminan por convertir en galimatías lo que en un principio quería ser un artificio para apantallar a los más cándidos.

Si bien gran parte de su programa consta de covers que no enseñan en las escuelas de música, los temas originales del California Guitar Trio tienen tantos colores como un prisma: hay asomos impresionistas, otros netamente contemporáneos y una languidez muy del sur de Estados Unidos que sería la envidia de Bill Frisell.

Hay un refrán que reza: “Tienes que pecar para ser salvado.” Quienes pecaron por omisión y no llegaron al Hard Rock Live la noche del martes pasado están tristemente exentos de la salvación, pues se perdieron uno de los mejores conciertos del año.

Jueves 06 de noviembre de 2003. Núm. 156
Diario "El Independiente" ciudad de México.


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